martes, 9 de diciembre de 2014

El concurso de fotografía

Una cosa es que alguien vea una fotografía tuya y diga que le gusta, que se te da bien, que tienes un don y mil halagos más; y otra muy distinta es someterla al examen de alguien que se supone que es entendido en el tema para que te la califique, a pesar de lo que pueda parecer por esto de tener el blog y mostrar algunas de mis fotos aquí, soy una persona con un miedo al ridículo muy desarrollado. Por eso, siempre que me han hablado de presentar una foto a un concurso, yo he salido corriendo como Julia Roberts en novia a la fuga

Hace un par de meses empezaron a lanzarme de nuevo dardos sobre un concurso de fotografía que se iba a celebrar en la ciudad con el tema "Paisaje Minero". Mi amiga Ana, que me anima constantemente a que ponga en marcha mi estudio de fotografía me envió las bases vía email, media naranja compartió la publicación en mi muro de facebook y mi tío (compañero de caminatas por las rutas mineras) fue el más directo de todos proponiéndome un trato: participar juntos, compartiríamos el premio si alguno de los dos ganaba algo. 

Tras una de mis interminables listas de pros y contras, en la que todo eran cosas buenas (practicar con la cámara, la posibilidad de ganar un premio, disfrutar de la naturaleza, buena compañía, hacer deporte... y muchas risas) frente al lado negativo que solo tenía un único punto "mi tonto miedo a hacer el ridículo", decidí salir por fin de una vez por todas de mi zona de confort y lanzarme a lo desconocido, como último recurso, lo confieso, la opción de echarme para atrás en el último momento y no presentar nada también estaba ahí. 

Asi fue como comenzaron unos días muy divertidos, planificados porque nos pillaron las primeras lluvias, en los que lo primero que hacía era cargar las baterías de la cámara para pasar mañanas completas con mi tío haciendo una de las cosas que más me gusta hacer en el mundo: perderme caminando con mi cámara en la mano.

Puede parecer tópico, pero nos daba igual que ganásemos o no, el mero hecho de disfrutar de aquellas jornadas fotográficas era el mejor de los premios, aunque sí también hicimos el cuento de la lechera y teníamos claro el uso que le íbamos a dar al dinero si resultábamos afortunados: una buena comilona en familia.



Foto de mi Instagram

He ampliado mi archivo de todos mineras un 300 % por lo menos, tengo material para meses de edición, he caminado por minas que ni siquiera sabía que existían, la historia minera de Linares es una fuente inagotable de inspiración fotográfica, pero también he captado otras bellezas que el otoño regala como esta tela de araña bañada de gotas de rocío.



De unas 350 fotografías elegí tres muy distintas entre si, sin pensarlo demasiado, siguiendo criterios personales que yo misma pediría si fuese jurado de un concurso, las imprimí y las presenté... dos semanas más tarde sin haber recibido llamada o email alguno me dí por no ganadora, pero no me importa porque he superado una fobia fotográfica que me impedía avanzar y esa es hoy por hoy la mejor de las recompensas.



El domingo fui a ver la exposición de una selección de algunas esas fotografías que se presentaron a concurso y me hizo muchísima ilusión ver una de las mías. No suelo colgar autorretratos por aquí, pero la ocasión lo merece.


Foto de mi Instagram


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